Los que trabajamos en el ámbito digital estamos, por lo menos superficialmente, familiarizados con la existencia de estándares y pautas de accesibilidad. Muchas veces los usamos, junto con incontables listas como esta, esta y esta, para cumplir nuestro deber de incluir accesibilidad en nuestros procesos.
Es ya conocido que aplicar estándares como los de la WAI es sumamente importante para lograr un diseño accesible, pero no es suficiente. Los estándares nos dicen el “cómo”. Si sólo aprendemos a seguirlos sin comprenderlos críticamente, perdemos la oportunidad de humanizar a las personas para las que estamos diseñando.
Dentro de Wunderman Thompson hemos estado trabajando desde hace ya varios años en desarrollar las capacidades en accesibilidad desde todas las disciplinas. Este desarrollo se ha concentrado en el “cómo”, ya sea por medio de ejercicios de remediación o requiriendo un cumplimiento AA o más en proyectos nuevos. En este contexto, he observado que el equipo de diseño ha quedado rezagado al tratar con estándares que se concentran en técnicas de implementación y no requieren trabajo que será visible durante la etapa de diseño.
He notado también que aún tenemos un sesgo hacia imaginar las experiencias como un medio visual para el “usuario base”. El “usuario base” es la imagen mental que tenemos de nuestro usuario. Sin un esfuerzo consciente, este tiende a ser no discapacitado por defecto. Para este, la expectativa de interacción está limitada a clics, toques e ingreso de texto con teclado. El resultado es que la accesibilidad se trata como un agregado a la experiencia del “usuario base”.
Este sesgo es opuesto a nuestra responsabilidad como diseñadores de experiencia. Es nuestro deber imaginar cómo se percibe, comporta y manipula un producto o plataforma digital de manera inclusiva.
Pienso que debemos combatir ese sesgo y expandir nuestro concepto de quién es el “usuario base”. Como práctica recomiendo 5 acciones para conocer más sobre personas con discapacidades y sus experiencias con productos digitales:
- Aprender sobre grados de discapacidad y barreras. La sección Cómo usan la web las personas con discapacidad en el sitio de la WAI es la introducción ideal en este tema.
- Observar y conversar. En mi vida diaria, me gusta poner atención a las personas mayores en mi vida, que están experimentando niveles varios de discapacidad debido a su edad y condiciones de salud. Esta observación ayuda a identificar vacíos entre estándares establecidos y la realidad de uso. Por ejemplo, muchas aplicaciones móviles siguen el tamaño mínimo de 44×44 píxeles para áreas de toque. En la práctica, personas mayores con habilidad motora fina reducida tienen mucha dificultad interactuando con áreas de este tamaño. Esto lo puede confirmar cualquiera que alguna vez ha ayudado a sus abuelos a revisar sus mensajes de WhatsApp.
- Conocer historias de la boca de personas con discapacidades. Para esto sigo a varios creadores con discapacidades en YouTube. Algunos ejemplos son Jessica Kellgren-Fozard, Squirmy and Grubs, Sign Duo, JoshSundquist y Molly Burke. Quiero señalar en este punto que no se trata de buscarlos porque tienen una discapacidad, sino de entender la diversidad de contextos y experiencias que existen e incorporarlos en mi visión del mundo.
- Usar herramientas de diseño inclusivo. Para esto podemos usar herramientas como Cards for Humanity y “persona pairs“.
- Diversificar nuestros equipos. Este es un tema enorme que demanda mucho más que unas cuantas oraciones. Aún así, me gustaría señalar que las personas con discapacidades no son sólo usuarios, también son diseñadores, capaces de agregar muchísimo valor al trabajo que realizamos.
Estas sugerencias son un inicio. Lo más importante es que continuemos trabajando en entender la diversidad de habilidades con la que viven los usuarios para los que diseñamos e integremos ese conocimiento en nuestro imaginario del “usuario base”.